Agencia de Noticias UPB - Bucaramanga. ¿Quién recibe el día después de una jornada difícil con la misma emoción de siempre? ¿Quién no pregunta cómo nos fue, pero parece saber cuándo necesitamos un abrazo? Para muchas personas, la respuesta tiene cuatro patas, una cola y una manera muy particular de decir “aquí estoy”.
En el marco del Día de las Mascotas, la comunidad de la Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga tuvo la oportunidad de compartir junto a sus animales de compañía en una jornada que celebró el vínculo que existe entre las personas y sus mascotas. El encuentro incluyó un momento especial de bendición de las mascotas, convirtiendo el campus en un espacio para agradecer por esos compañeros que hacen parte de tantas familias.
La ciencia lleva años intentando comprender precisamente eso que muchas personas experimentan todos los días: cómo cambia nuestro bienestar cuando convivimos con un animal.
Una revisión sistemática de 24 estudios encontró que, en adultos, la tenencia de mascotas se asociaba con menores niveles de aislamiento social en varios estudios, aunque la relación con la soledad no es igual de clara en toda la evidencia.
También existen investigaciones que han estudiado qué ocurre durante la interacción directa con los animales. Algunos trabajos han encontrado que compartir con una mascota puede relacionarse con una mayor presencia de emociones positivas y con un efecto de amortiguación frente a algunas experiencias de estrés.
Incluso hay investigaciones sobre la interacción entre perros y sus cuidadores que han observado cambios en sustancias relacionadas con el vínculo y la respuesta al estrés, como la oxitocina y el cortisol.
No significa que una mascota sea un tratamiento médico ni que pueda sustituir el apoyo profesional cuando este es necesario. Pero sí ayuda a entender por qué ese vínculo cotidiano puede significar tanto para quienes comparten su vida con un animal.
Tener una mascota también significa construir pequeñas rutinas: levantarse a darle comida, sacarla a caminar, jugar, visitar al veterinario o simplemente hacerle un espacio en el sofá.
Y esas pequeñas responsabilidades pueden terminar convirtiéndose en momentos de conexión, movimiento y compañía.
Para alguien que vive solo, por ejemplo, una mascota puede convertirse en una presencia constante en casa. Para una familia, puede convertirse en un integrante más. Y para alguien que llega a la universidad después de un día difícil, probablemente sea ese animal que lo recibe como si hubiera estado esperando todo el día.
Las mascotas nos enseñan, casi sin proponérselo, algunas cosas que a los humanos nos cuesta recordar: disfrutar el presente, celebrar una caminata como si fuera un viaje, emocionarnos por volver a ver a alguien y encontrar felicidad en cosas tan simples como una caricia.
También nos recuerdan que querer a otro ser vivo implica cuidar, tener paciencia y asumir responsabilidades.
Por eso, celebrar a las mascotas no se trata solamente de dedicarles un día. También es reconocer el lugar que ocupan en nuestras vidas y el vínculo que construimos con ellas.
La jornada vivida en la UPB fue precisamente una oportunidad para llevar ese vínculo a un espacio diferente: el campus.
Entre estudiantes, colaboradores y sus mascotas, la Universidad se convirtió por un momento en un lugar lleno de ladridos, juegos, colitas inquietas y muchas fotos para el recuerdo.
Y quizás esa sea una de las cosas más bonitas de compartir con nuestras mascotas: que, sin saberlo, también nos ayudan a encontrarnos con otros.
Laura Peña López - Agencia de Noticias UPB
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